Se me olvidan palabras al hablar: señales de alerta vs. estrés, sueño y sobrecarga
- Rocío Trujillo

- 6 ene
- 3 Min. de lectura
¿Te pasa que estás hablando y, de pronto, no encuentras una palabra simple? A veces se siente como “quedarse en blanco”, trabarse o demorar más en responder. Esto puede aparecer en periodos de estrés, mal dormir, sobrecarga mental o ansiedad. Sin embargo, cuando el problema es frecuente, empeora o se acompaña de otros síntomas, conviene evaluarlo con un profesional para descartar causas médicas y definir un plan claro.
Si hoy estás preocupado/a, lo más importante es esto: hay formas de evaluar, orientar y actuar, y no tienes que resolverlo solo/a.

¿Qué significa “olvidar palabras” al hablar?
En la vida diaria, suele referirse a dificultad para encontrar la palabra correcta (por ejemplo, sabes lo que quieres decir, pero la palabra “no aparece” o sale otra distinta).
Puede presentarse como:
Pausas largas o “ehh…”
Cambiar una palabra por otra (“cosa”, “eso”, “el asunto”)
Sentir que piensas más lento al conversar
Mayor esfuerzo para explicar algo simple
Esto puede ser temporal y benigno, pero también puede requerir evaluación de lenguaje y cognición comunicativa cuando se vuelve persistente.
Causas frecuentes (no alarmantes) que suelen empeorar el “buscar palabras”
Muchas veces, el cerebro está funcionando “en modo ahorro” por carga acumulada. Entre los factores más habituales:
1) Estrés y ansiedad
Cuando estás en alerta, tu atención se fragmenta y el acceso a palabras puede volverse menos fluido.
2) Sueño insuficiente o de mala calidad
Dormir poco afecta memoria de trabajo, concentración y velocidad de respuesta.
3) Sobrecarga mental y multitarea
Exceso de pendientes, pantallas, notificaciones y exigencia cognitiva sostenida.
4) Fatiga, deshidratación o mala alimentación
Factores simples pueden amplificar la sensación de “mente lenta”.
5) Periodos de cambio o duelo
Procesos emocionales demandantes también impactan lenguaje y atención.
Si te identificas con varios puntos, es una buena señal para ajustar hábitos, pero no basta con “descansar” si el síntoma se mantiene o te limita.
Señales de alerta: cuándo no conviene esperar
Te conviene consultar pronto (y en algunos casos buscar atención médica de urgencia) si aparece cualquiera de estas situaciones:
Inicio brusco (de un día para otro) y no se explica por falta de sueño o estrés.
Dificultad para hablar junto con desorientación, confusión marcada o problemas para comprender.
Cambios notorios en la coordinación, fuerza o sensibilidad (aunque sean leves).
Empeoramiento progresivo por semanas/meses.
Dificultades que interfieren con trabajo, estudio o vida social.
Antecedentes neurológicos relevantes o episodios previos similares.
Esta lista no es para asustarte: es para ayudarte a decidir cuándo evaluar sin postergar.
Auto-chequeo rápido (2 minutos)
Responde mentalmente:
¿Me pasa todos los días o varias veces por semana?
¿Siento que ha ido empeorando?
¿Me cuesta encontrar palabras incluso en conversaciones simples?
¿Me pasa más cuando estoy cansado/a o estresado/a (y mejora al descansar)?
¿También noto fallas de atención (me pierdo en conversaciones, leo y releo)?
¿Otros me han comentado que hablo distinto o “más lento”?
¿Me da ansiedad hablar por miedo a trabarme?
Si respondes “sí” a 3 o más, lo más eficiente suele ser una evaluación profesional, porque te entrega claridad y plan de acción.
Qué puedes hacer hoy
Estas estrategias no reemplazan una evaluación, pero ayudan a reducir el impacto mientras avanzas:
Baja la velocidad: hablar más lento reduce bloqueos.
Si no sale la palabra: descríbela (función, categoría, ejemplo) y luego vuelves a ella.
Reduce multitarea al conversar (mira a la persona, evita responder mensajes a la vez).
Registra patrones por 3–5 días: horario, sueño, estrés, café, pantallas, etc.
Prioriza una noche de sueño consistente (horario fijo) y pausas reales durante el día.
Evaluación online de lenguaje y cognición comunicativa: qué incluye y para qué sirve
Cuando el motivo de consulta es “se me olvidan palabras”, lo más útil no es adivinar: es medir y entender qué está pasando en tu comunicación. Una evaluación fonoaudiológica enfocada en lenguaje/cognición comunicativa puede incluir:
Entrevista clínica: cuándo empezó, frecuencia, gatillantes, impacto.
Pruebas breves de acceso a palabras, fluidez verbal, comprensión y memoria funcional (según el caso).
Identificación de si el perfil es más compatible con estrés/sueño/sobrecarga u otra condición que requiera evaluación complementaria.
Plan de trabajo (terapia si aplica) y derivación si corresponde.
Servicio recomendado: Evaluación y Terapia Adultos (Fonoaudiólogos Online)
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